Esta es una historia real. Es el relato de una mujer fascinante y a la que admiro. Diagnosticada de TLP hace tres años, nos cuenta cómo ha sido su camino de vuelta a la vida.

Un mensaje de esperanza para todas aquellas personas que sufren, en silencio o a voces, una enfermedad tan incapacitante y dolorosa.

“Tengo 30 años, estoy casada, soy mama de una niña preciosa menor de 6 años y  me considero una superviviente del Trastorno Límite de la Personalidad (TLP).

DIAGNÓSTICO

Mi historia no va muy lejos de otra historias. He estado viviendo con esta dolencia muchos años. De hecho me costó mucho aceptar que me acompañaría mucho más tiempo de lo que me imaginé.

Después de dar muchas vueltas y mucho sufrimiento llegué a urgencias por un intento de suicidio. A raíz  de esto me derivaron a psiquiatría, de psiquiatría a una Psicóloga  y de la Psicóloga a otra Psicóloga donde me hicieron unos tests y finalmente mi diagnóstico fue TLP.

MI HISTORIA ANTES DE SER DIAGNOSTICADA

Mi vida era un absoluto caos, mucho sufrimiento, dolor causado a mi entorno, mi inestabilidad emocional, mis idas y venidas entre el cielo y el infierno, llanto y sonrisa, todo en cuestión de minutos. Mis días no se separaban en días malos y días buenos sino que era en cuestión de segundos; rabia, odio, amor… sin un punto intermedio. Aquello era peor que estar en una montaña rusa de sentimientos, desbordándome en cada día, cada minuto de mi vida. Hasta que no pude más. La convivencia era tan horrible…, no había paz. Entonces quise poner fin a mi vida, quién podría ser feliz a mi lado siendo yo una máquina destructora, un torbellino de emociones que arranca y pisa sin control todo a su paso. Sólo quería poner paz a mi alrededor, sólo quería descansar, sólo quería dormir noches enteras, sólo buscaba silencio. Tan sólo quería que el agua corriera sin arrastrar mierda en su cauce, en esos momento era una desdichada ignorante sin palabras, sin silencios, sólo gritos de auxilio. Sin mencionar nada, un acto simbólico en la cual expresé mi dolor, me tomé unas cuantas pastillas, y me hice una herida en la muñeca y dejé una nota de despedida corta pero intensa. Aquello fue un acto de incapacidad para pedir ayuda… Pero éste me llevó hasta mi psicóloga y fue el principio del fin de mi sufrimiento a una escala, como lo llamó yo, XXXL.

No fue fácil pero valió la pena. Gracias al seguimiento de la terapia, al apoyo familiar  y al gran esfuerzo y buena actitud por mi parte logre superarlo y pude empezar de nuevo. Una segunda oportunidad para mi y mi familia.

LA TERAPIA

En las primeras citas mi psicóloga me explicó lo que era el Trastorno Límite de la Personalidad. Me sorprendí mucho porque era la primera vez que escuchaba a una persona describiéndome. Tuve sentimientos encontrados; me producía alivio y tristeza. Alivio porque por fin sabía lo que me pasaba, tristeza por el largo camino que me esperaba y por no querer aceptar mi diagnóstico.

Aunque me aliviaba al principio fui incrédula. Era difícil para mi confiar en las personas, lo vivía todo tan intensamente y, como dije, no confiaba en nadie… Tuve la suerte que mi nueva psicóloga supo como llevarme y era joven. Eso me aliviaba porque, a mi parecer, tendría que escuchar mi historia, mi vida entera. Me costó soltar me pero terapia a terapia fui mejorando. Recuerdo las sensaciones tan intensas, los nervios antes de acudir a mi cita, el miedo que pasé por lo que podría salir de dentro… Miedo de los recuerdos, miedo también de perder el control, de tener una crisis en la consulta. Siempre lo comparé con ir a Urgencias porque tienes un corte grande en la pierna por un accidente. El protocolo a seguir es lavar la herida, detener la hemorragia, después te dan un analgésico y finalmente suturan la herida, te ponen una venda y te dicen que vayas a casa. Pasan unos días, semanas hasta que finalmente tu herida cicatriza. Al final, te quedará una marca pero ya no te dolerá, sólo quedara la señal de todo el pasado y podrás vivir con ella.

En cada consulta que me entraba esa sensación en el estomago, visualizaba el final y soñaba con ello. No fue fácil pero, como mencioné antes, la actitud con la que te enfrentas dice mucho. Esto no significa, en ningún modo, que no me haya permitido sufrir. De hecho, vaya que sí sufrí para superar  todo. Pero lo tenía claro y veía que cada terapia era como un aprendizaje nuevo. Gracias a lo que me explicó mi psicóloga empecé a ser consciente de que yo no había desarrollado aquello que los demás personas habían desarrollado en su momento como por ejemplo: regular mis sentimientos, controlar mi ira, aprender a respetar los límites personales e interpersonales, saber llevar las relaciones interpersonales, a tener una buena autoestima… Por culpa de lo que me tocó vivir no lo desarrollé sanamente….

Me di cuenta de que era una oportunidad que tenía, aunque fuera con 28 años, ya que muchos no la habían tenido.  Con la ayuda y la guía de Mariona lo logré. Ella me daba ejercicios o tareas para casa.  Era increíble pero con cada terapia iba dándome cuenta de las cosas que me perdía, de las cosas cotidianas que no era capaz de realizar, de cómo pasaban las horas y los días y no era consciente. Era increíble descubrir que estaba sumida en mi cabeza y no vivía en el presente, que era incapaz de separar mi vida actual del pasado, que era incapaz de verme y sacar provecho de mis cualidades, de mis habilidades como persona. Era increíble la negatividad y la distorsión con la que me veía a mi misma.

Recuerdo que la psicología me dio un libro (Diamantes en Bruto I), lo leí y me pareció flipante los relatos, todo lo que decía ahí. Sentía que el libro relataba mis sentimientos, mis emociones. Era como que habían escrito mi vida y entonces comprendí que no quería seguir por ese camino.

Empecé a verme a mi  misma y a llevarle la contraria al libro. Me puse ese objetivo: ser diferente y poner fin a esa etapa de mi vida. Que si lo lograba iba  a graduarme. Lo veía así. También recuerdo la explicación de la psicóloga de cada área que tenía que aprender, aplicar y poner en práctica. Semana tras semana. Hacia en la medida de lo posible los ejercicios, llevaba los registros de todo lo que me decía. Lo tomaba muy, pero muy, en serio. Sabía que sólo así podría llegar a recuperar la sonrisa, la paz, la tranquilidad, el silencio. Ese silencio que cuando lo pierdes es horrible: había días cuando estaba mal  que pasada ese día literalmente en mi cabeza, escuchando gritos, peleas, palabras humillantes. Todos gritando a la  ves sin parar. No me dejaba dormir.

Todo esto lo descubrí gracias a la terapia. El acudir sin falta me  ayudó mucho en los momentos malos porque empecé a contar para enfrentarme a ellos con nuevos mecanismos de defensa positivos. Gracias a la terapia iba descubriendo como era salir del dolor. Algunas de las estrategias que a mi me fueron muy bien era contar con mi cuaderno de registro de actividades, ponerme una alarma para poder cumplir con mi trabajo y no perder la noción del tiempo, escuchar música alegre, dar paseos, comer equilibradamente, dejar la dichosa dieta, tener mi cuaderno de tareas para realizar semanalmente a corto plazo y a largo plazo y así ir comparando el antes y el después .

EMDR

Creo que es con lo que más aprendí. Gracias a eso fui consciente de lo que pasaba en mi interior, aprendí a regular las emociones. Al aceptar y permitir realizar EDMR aprendí a confiar, a dejar que me guiara la psicóloga y pude sanar mis heridas del pasado. Por fin fui consciente de que estaba estancada en el pasado, que tan sólo con una imagen, algún olor o algún sonido volvían a aparecer mis traumas de la infancia. Y pude, finalmente, dejarlos en el pasado, mi pasado.. Por fin había podido aprender como actuar con cada recuerdo y por fin ya no me costaba decir: soy yo,  tengo tantos años, tengo en mi presente un marido, una hija,  y todo esto ya pasó. Ya está.

LA RECUPERACIÓN

Al ir recuperando mi vida ,tuve que recuperar el tiempo perdido. Me ayudó mucho mirar hacia adelante, perdonarme y aceptar mi vida actual. Poner mucha narices y tener un poco de orgullo de lo superado, porque para llegar a ese día tuve que  sobrellevar muchos otros días muy difíciles. Empecé a realizar mi responsabilidades como madre, empecé  a tener vida social, a disfrutar y valorar los momentos único con mi princesa, a apreciar el viento  en mi cara, el sol, la lluvia, todo lo que me rodeaba. Esas pequeñas cosas realmente importantes y que valen la pena.

Empecé a ir al gimnasio y me propuse hacer una carrera de 10 kilómetros este 2015. Esto fue muy significativo para mi porque para llevar a cabo una carrera así tienes que prepararte con antelación, tener disciplina, mucho entrenamiento, una buena alimentación, y procurar no obsesionarme. Realizarlo para disfrutar. Fue muy emocionante llegar a la meta y sertirme orgullosa de haberlo logrado (la carera la hice en 1hora y 3 minutos ). Se lo dediqué a todos en mi interior. A todos aquellos que me ayudaron a salir del pozo, a mis seres queridos y en especial a mi psicóloga Mariona, que fue la guía que  me ayudó a superar todo.  Y gracias a todo el esfuerzo personal que hice, hoy puedo decir que vivo una vida plena. Con sus defectos y cualidades. Siguiendo cada día, con mucho cariño, todos mis cuidados personales los cuales no tengo que descuidar.

Espero tener vida mucha vida para vivirla con mi pequeña princesa.

Si yo pude lograrlo, tu también puedes”.

Compartir